Han pasado 365 días desde el fatídico derrumbe de la discoteca Jet Set, una tragedia que estremeció a toda la República Dominicana y dejó un vacío imposible de llenar.
Hoy, en lo que muchos llaman la “zona cero”, el dolor sigue tan presente como aquella madrugada.
En el lugar aún permanecen decenas de fotografías colocadas por familiares y amigos de las víctimas. Algunas, desgastadas por el sol, la lluvia y el sereno; otras, cuidadosamente retocadas para conmemorar el primer aniversario de la tragedia.
Cada imagen cuenta una historia interrumpida, un sueño que quedó atrapado entre los escombros.
Aquella noche, entre luces, música y celebración, la vida cambió en segundos. Empresarios, peloteros, jóvenes, médicos, músicos y artistas perdieron la vida en medio del colapso, dejando una cifra devastadora de 280 fallecidos y más de 180 heridos.
Aún se mantiene en pie un letrero que anunciaba lo que sería una noche inolvidable: la presentación del merenguero Rubby Pérez, quien prometía “amanecer tocando” sus éxitos.
Temas como Sobreviviré y Color de Rosa quedaron grabados en la memoria colectiva, ahora cargados de un significado más profundo y doloroso.
Desde la avenida Independencia, donde el tránsito no se detiene y los vehículos avanzan en múltiples direcciones, muchos reducen la velocidad o giran la mirada al pasar. Algunos se detienen.
Otros simplemente observan en silencio. Pero todos, de una forma u otra, conectan con los rostros que siguen allí.
Al transitar por el lugar, las personas aún se detienen frente a las imágenes, recorriendo con la mirada cada uno de los rostros de quienes perdieron la vida ese día. Es un acto silencioso, casi íntimo, de memoria y respeto.
A casi un año de la tragedia, el Jet Set ya no es solo un lugar, sino un símbolo del dolor colectivo, de la fragilidad de la vida y de la necesidad de no olvidar.





