En el Sermón de las Siete Palabras del Viernes Santo en la Cuarta Palabra de Jesús en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, sacerdote Candelario Mejía Brito advirtió que la realidad de los jóvenes sin oportunidades y las personas en situación de calle evidencia una sociedad que ha fallado en proteger a los más vulnerables.
Durante su intervención, el religioso explicó que el grito de Jesús no es una expresión de desesperación, sino una oración que refleja el dolor humano frente al abandono. A su juicio, ese mismo clamor se repite hoy en miles de personas que se sienten solas, excluidas y sin respuestas ante sus necesidades.
El sacerdote centró su mensaje en la juventud, señalando que muchos jóvenes viven marcados por la falta de oportunidades, el desempleo y la estigmatización social. Indicó que son juzgados por su forma de vestir, hablar o comportarse, y que, en muchos casos, se les niegan espacios reales para desarrollarse.
“Como Jesús, nuestros jóvenes tienen todo el derecho de preguntarse: ¿por qué me han abandonado?”, expresó, al tiempo que cuestionó en quién pueden confiar ante una sociedad que, según dijo, no siempre responde a sus necesidades.
Advirtió que incluso aquellos que logran insertarse en el mercado laboral enfrentan condiciones precarias, con salarios que no compensan su esfuerzo y situaciones de explotación, especialmente en sectores como el turismo.
Asimismo, recordó que la Conferencia del Episcopado Dominicano ha alertado sobre los riesgos que enfrenta la juventud, incluyendo altas tasas de muertes por accidentes de tránsito, homicidios y suicidios, una realidad que, según indicó, no recibe la atención necesaria. En ese sentido, criticó la falta de educación vial y la escasa respuesta institucional frente a estos problemas.
El sacerdote también abordó la situación de las personas en situación de calle, a quienes describió como el rostro más evidente del abandono social. Señaló que esta realidad puede observarse en zonas como los alrededores del hospital Moscoso Puello o bajo el elevado de la avenida Ovando con Máximo Gómez, donde muchas personas viven en condiciones de indigencia.
“Estos sí que están verdaderamente abandonados”, afirmó, al insistir en que, más allá de las circunstancias que los llevaron a esa situación, siguen siendo seres humanos que merecen dignidad, atención y oportunidades.





